POR QUÉ DECIR “NO PUEDO” ES TU FIN

Un Curso de Milagros es una gran manera de comenzar a notar tus pensamientos, palabras y emociones. Es una manera de entrenar tu mente de una forma sistemática para ver lo que has estado haciendo, pensando y sintiendo.  Es una manera de observarte a ti mismo de manera que puedas comenzar a tomar nuevas decisiones.

La mayoría de personas (incluyéndome a mi misma por mucho tiempo) vivía en piloto automático y no tenía ninguna pista de lo que estaba haciendo o pensando.

Sé que esto suena difícil de creer, porque ¿cómo puede alguien NO saber qué está pensando y diciendo, cuando está saliendo de su propia mente y boca? Es en serio, ¡la gente no sabe!

Por ejemplo, en este video cuento la historia de una amiga que decía “No puedo” cuando se dio cuenta que había olvidado su gafas de sol en el coche, y le pregunté si quería regresar a tomarlos. Apenas habíamos escalado una pequeña colina y ella ya se había quedado sin aliento, cuando de pronto se recordó que no los llevaba consigo. Ella dijo “No puedo”, porque se sentía sin aliento y luego dijo “No puedo respirar”.

De modo que si tomamos este pequeño escenario y lo miramos, veremos que la mayoría de nosotros hace eso todo el día, sin darnos cuenta.

Ella dijo “No puedo” (bajar la colina caminando para regresar al coche). “No puedo” significa no poder, o imposible. Pero obviamente, si hubiese querido hubiese podido. El que ella no quería habría sido una respuesta más apropiada.

La mente es muy poderosa y lo que decimos y pensamos es eventualmente (¡y muchas veces inmediatamente!) reflejado en nuestro mundo exterior, porque el mundo que creemos que vemos no es nada más que una proyección externa de nuestros pensamientos, sentimientos y creencias. De modo que cuando dices “No puedo”, eventualmente el cuerpo no tendrá ninguna otra opción excepto incorporar ese pensamiento. Es una Ley.

Eventualmente, cuando dices las suficientes veces “No puedo” descubrirás que en verdad ¡no puedes! Las piernas se comienzan a deteriorar, y el cuerpo comienza a deteriorarse y cuando menos te das cuenta… has creado tu propia realidad de tu propia hechura, a través de tus pensamientos y palabras.

Lo segundo que dijo mi amiga fue,

No puedo respirar”.

Ahora, ella PODÍA respirar porque yo estaba parada justo a su lado, y ella estaba respirando. Ella estaba hablando, de pie, sin problema. Pero dijo “No puedo respirar”.

Nosotros hacemos lo mismo en otras áreas de nuestra vida. La mayoría de nosotros exageramos sin pensar mucho acerca del poder que la mente tiene para ofrecernos una imagen exacta de lo que estamos diciendo, pensando y creyendo. Si dices “No puedo respirar” suficientes veces, tu experiencia será de que en verdad no puedes respirar.

La frase destructiva más empleada por la gente que dice inconscientemente es,

No tengo dinero”.

Siempre soy muy veloz en detectar esa frase cuando la escucho. Le digo a esa persona,

¿En serio? ¿No tienes nada de dinero? ¿Cero?”

Y comúnmente me dirán algo como,

Sin dinero. Cero”.

Cuando escudriño un poco más, descubro que tienen algunos dólares y monedas.

De nuevo, otra exageración que crea una situación de no tener dinero tangible. Luego dicen algo como,

Bueno, está bien, tengo dinero, pero mis cuentas por pagar exceden lo que tengo, por lo cual no tengo dinero”.

(O algo parecido a esas líneas)

Y yo sé que cuando escucho este tipo de plática, la persona en verdad no tiene ninguna pista acerca del poder de la mente. Pues cualquiera que es consciente de su propio poder creativo mental nunca en un millón de años pensaría o diría “No tengo dinero”. Simplemente no pasaría. De modo que te entrenas a ti mismo a prestar atención a lo que estás pensando y diciendo, y te conviertes muy deliberado en lo que hablas y piensas.

En este video hablo acerca de la importancia de nunca explicar y nunca quejarse.

También hablo acerca de cómo lo tienes todo ya, pues el Cielo está aquí y ahora, y tienes dentro de ti algo que has traído contigo desde tu hogar natal: la luz de Dios. Ha permanecido contigo. Es tuya para que la uses. Por lo tanto, lo tienes todo ahora.

Es por eso que nunca puedes declarar carencia o pobreza, pues tú ya tienes todo lo que necesitas ahora mismo. La única pregunta es:

¿Estás consciente de esta luz? ¿La estás usando? ¿La estás compartiendo?

La paz de Dios brilla adentro de ti ahora.

La luz vino contigo desde tu hogar natal, y permaneció contigo, pues es tuya. Es lo único que trajiste contigo de Aquel que es tu Fuente. Refulge en ti porque ilumina tu hogar, y te conduce de vuelta al lugar de donde vino y donde finalmente estás en tu hogar”.

Si no estás experimentando esta luz, es porque estás cubriendo tus propios ojos.

No hay necesidad de esperar a experimentar la felicidad, dicha y abundancia, las cuales son tu herencia.

Disfruta el video. Por favor, deja un comentario abajo.

Pregunta: ¿Este video te ha ayudado a ver cuán frecuentemente has estado diciendo “No puedo” durante el día? ¿Hará esta consciencia alguna diferencia en ti? Deja un comentario abajo por favor 🙂

Si quieres leer más acerca de esa luz que has traído desde tu hogar natal, por favor mira la Lección 188 de Un Curso de Milagros aquí abajo. La paz de Dios refulge en mí ahora.


LECCIÓN 188

La paz de Dios refulge en mí ahora.

¿Por qué esperar al Cielo? Los que buscan la luz están simplemente cubriéndose los ojos. La luz ya está en ellos. La iluminación es simplemente un reconocimiento, no un cambio. La luz es algo ajeno al mundo, y tú en quien mora la luz eres asimismo un extraño aquí. La luz vino contigo desde tu hogar natal, y permaneció contigo, pues es tuya. Es lo único que trajiste contigo de Aquel que es tu Fuente. Refulge en ti porque ilumina tu hogar, y te conduce de vuelta al lugar de donde vino y donde finalmente estás en tu hogar.

Esta luz no se puede perder, ¿Por qué esperar a encontrarla en el futuro, o creer que se ha perdido o que nunca existió? Es tan fácil contemplarla que los argumentos que demuestran que no puede existir se vuelven irrisorios. ¿Quién podría negar la presencia de lo que contempla en sí mismo? No es difícil mirar en nuestro interior, pues ahí nace toda Visión. Lo que se ve, ya sea en sueños o procedente de una Fuente más verdadera, no es más que una sombra de lo que se ve a través de la visión interna. Ahí comienza la percepción y ahí termina. No tiene otra fuente que ésta.

La paz de Dios refulge en ti ahora, y desde tu corazón se extiende por todo el mundo. Se detiene a acariciar cada cosa viviente, y le deja una bendición que ha de perdurar para siempre. Lo que da no puede sino ser eterno. Elimina todo pensamiento de lo efímero y de lo que carece de valor. Renueva todos los corazones fatigados e ilumina todo lo que ve según pasa de largo. Todos sus dones se le dan a todo el mundo, y todo el mundo se une para darte las gracias a ti que das y a ti que has recibido.

El resplandor de tu mente le recuerda al mundo lo que ha olvidado, y éste a su vez, restituye esa memoria en ti. Desde ti la salvación irradia dones inconmensurables, que se dan y se devuelven, A ti que das el regalo, Dios Mismo te da las gracias. Y la luz que refulge en ti se vuelve aún más brillante con Su bendición, sumándose así a los regalos que tienes para ofrecérselos al mundo.

La paz de Dios jamás se puede contener. El que la reconoce dentro de sí tiene que darla. Y los medios a través de los que puede hacerlo residen en su entendimiento. Puede perdonar porque reconoció la verdad en él. La paz de Dios refulge en ti ahora, así como en toda cosa viviente. En la quietud la paz de Dios se reconoce universalmente. Pues lo que tu visión interna contempla es tu percepción del universo.

Siéntate en silencio y cierra los ojos. La luz en tu interior es suficiente. Sólo ella puede concederte el don de la visión. Ciérrate al mundo exterior, y dale alas a tus pensamientos para que lleguen hasta la paz que yace dentro de ti. Ellos conocen el camino. Pues los pensamientos honestos, que no están mancillados por el sueño de cosas mundanas externas a ti, se convierten en los santos mensajeros de Dios Mismo.

Éstos son los pensamientos que piensas con Él. Ellos reconocen su hogar y apuntan con absoluta certeza hacia su Fuente, donde Dios el Padre y el Hijo son uno. La paz de Dios refulge sobre ellos, pero ellos no pueden sino permanecer contigo también, pues nacieron en tu mente, tal como tu mente nació en la de Dios. Te conducen de regreso a la paz, desde donde vinieron con el sólo propósito de recordarte cómo regresar.

Ellos acatan la Voz de tu Padre cuando tú te niegas a escuchar. Y te instan dulcemente a que aceptes Su Palabra acerca de lo que eres en lugar de fantasías y sombras. Te recuerdan que eres el co-creador de todas las cosas que viven. Así como la paz de Dios refulge en ti, refulge también en ellas.

El propósito de nuestras prácticas de hoy es acercarnos a la luz que mora en nosotros. Tomamos rienda de nuestros pensamientos errantes y dulcemente los conducimos de regreso allí donde pueden armonizarse con los pensamientos que compartimos con Dios. No vamos a permitir que sigan descarriados. Dejaremos que la luz que mora en nuestras mentes los guíe de regreso a su hogar. Los hemos traicionado al haberles ordenado que se apartasen de nosotros. Pero ahora les pedimos que regresen y los purificamos de cualquier anhelo extraño o deseo confuso. Y así, les restituimos la santidad que es su herencia.

De esta forma, nuestras mentes quedan restauradas junto con ellos, y reconocemos que la paz de Dios refulge todavía en nosotros, y que se extiende desde nosotros hasta todas las cosas vivientes que comparten nuestra vida. Las perdonamos a todas, y absolvemos al mundo entero de lo que pensábamos que nos había hecho. Pues somos nosotros quienes construimos el mundo como queremos que sea. Ahora elegimos que sea inocente, libre de pecado y receptivo a la salvación. Y sobre él vertemos nuestra bendición salvadora, según decimos:

La paz de Dios refulge en mí ahora.

Que todas las cosas refuljan sobre mí en esa paz,

y que yo las bendiga con la luz que mora en mí.


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Con amor,

Lisa y el Equipo Maestros de Dios

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